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Artículo 02


CAMBIOS FONÉTICO-MORFOLÓGICOS

DEL LATÍN VULGAR AL ESPAÑOL


María Elena Jaroma Blanco

ENP Plantel 6 “Antonio Caso”

Letras Clásicas

 

 

 

AbstractLa evolución del latín vulgar al español conlleva una serie de problemas, en primer lugar establecer qué se entiende por “latín vulgar”, segundo identificar cuáles fueron los cambios que originaron una nueva lengua romance como son los de tipo fonético y morfológico.

 

Palabras claves: Latín vulgar, lengua romance, fonético, morfológico.

 

 

Se dice con fundamento que las lenguas romances como el español, italiano, francés, catalán, portugués, etc. provienen del latín. Sin duda es una afirmación confirmada por investigaciones lingüísticas serias y un bagaje de documentos que certifican la evolución del latín a diferentes lenguas romances. Sin embargo, vale la pena determinar o especificar algunos aspectos de estos cambios. El primero es plantearse cuál latín dio origen a otras lenguas, el segundo identificar los cambios tanto fonéticos como morfológicos que originaron específicamente el romance español. De estos dos tópicos se tratará el presente ensayo.

 

El latín vulgar

Cuando se afirma que las lenguas romances son neolatinas, se hace referencia a que provienen del llamado latín vulgar, aunque este término por sí mismo encierra algunas dificultades en cuanto a su designación: cuál es el “latín vulgar”. Desde hace varios siglos se ha puesto en tela de juicio que existieran dos latines por lo menos, es decir el latín culto, nobilis sermo, y el latín hablado, vulgaris sermo. Algunos lingüistas desde la antigüedad hacían referencia a que el latín culto no sólo era escrito sino también hablado por las clases altas, la de los nobles y funcionarios romanos que habían tenido una educación privilegiada, habían asistido a escuelas o estudiaban con tutores en sus casas, se habían formado con los más ilustres filósofos y por supuesto dominaban la gramática latina, la retórica y esto les permitía escribir y hablar en un perfecto latín, tal es el caso de escritores como Cicerón o Julio César y poetas como Virgilio y Horacio. Es decir, que como ocurre actualmente, quien conoce la lengua la puede utilizar correctamente tanto a nivel oral como escrito. 

 

No así el que no ha contado con esa misma suerte u oportunidad, el vulgo, es decir, el pueblo de la antigua Roma, no tenía (y sigue sin tener en la actualidad en muchos países) las mismas oportunidades de preparación de tal suerte que su lengua hablada distaba mucho de ser un modelo y mucho menos su escritura. El mismo Cicerón se refería con desdén al habla mediocre del que hoy se diría “populacho”, se refería a ese vulgaris sermo, que cometía toda clase de atropellos con la lengua, que la pronunciaba mal, que no aplicaba correctamente ni la morfología ni la sintaxis, que utilizaba préstamos lingüísticos del griego o de otras lenguas de la época, sustituyendo las hermosas palabras latinas, llevadas a su máximo esplendor por los poetas latinos. Sin duda, causaba indignación entre las clases elevadas de la Época Republicana de Roma, pero como en todos los tiempos el tan desprestigiado “populacho” existió y sigue existiendo y guste o no a la gente culta, ese populacho también aporta y da forma a la lengua, en particular a la lengua oral, de tal forma que contribuyó en gran medida a que ese despreciable latín populachero, entiéndase vulgar se convirtiera en lengua romance.

 

Las circunstancias arriba mencionadas provocaron largas discusiones entre los lingüistas modernos, quienes se preguntaban si en verdad se podía hablar de un latín culto y uno vulgar. A partir de la segunda mitad del siglo XIX se llegó a un consenso general en el que se aceptaba el hecho de que existió un latín vulgar, hablado por el pueblo, que formaba parte de la vida familiar, comercial, etc. Más aún, gracias al investigador alemán Hugo Schuchardt, quien documentó todas las variantes del latín en su obra Der Vokalismus desVulgärlateins, se reafirmó el término y su obra sirvió como modelo y fuente para utilizar el término latín vulgar. Quedando aclarado el tema, se puede afirmar ahora sí con justicia que las lenguas romances o neolatinas provienen de este latín populachero, esperando que Cicerón o Virgilio perdonen el atrevimiento de ensalzar el habla vulgar, pero la vida de una lengua es así. De aquí en adelante cuando se haga referencia al latín será siempre el vulgar.

 

Los cambios fonéticos y morfológicos del latín vulgar

El latín como lengua hablada por el vulgo sufrió muchos cambios, tantos que originó diferentes variantes o dialectos y que hoy día alguno de ellos es la lengua oficial de varios países europeos y latinoamericanos. En este apartado se limitará a puntualizar algunos cambios fonéticos y morfológicos que originaron la lengua española.


 

Los cambios fonéticos

Las primeras transformaciones se presentaron en las vocales. En general existían cinco vocales, cada una con su distinción gráfica, éstas podían ser largas o breves, en el latín culto se pronunciaba pero el vulgo optó por no complicarse la existencia y dejó de distinguir una vocal breve de una larga, lo cual provocó que en muchas ocasiones hubiera intercambios entre una vocal y otra, tal fue el caso de e/dixi -> dije y de o/u, lutu -> lodo. Le siguieron los diptongos, au tendió a cerrarse en otaurum -> toro y oe en epoenam -> pena, ae -> e Laetitiam ->Leticia.

 

Los primeros cambios consonánticos que se perciben en varios grafitis pompeyanos y en otras inscripciones es la pérdida de la m y la tfinales, y que finalmente en español, no son consonantes finales. La m era característica del caso acusativo singular (objeto directo)mantianam -> manzana pero al perderse produjo muchas confusiones en la función gramatical, y la t final era muy usada como desinencia verbal en la 3ª persona del singular y plural, amat -> ama, amant -> aman.

Las consonantes simples que en latín eran sordas se volvieron sonoras en su mayoría, aunque manteniéndose el punto de articulación original, es decir si eran dentales, guturales o labiales. La t se volvió d, pratum ->prado, la c o la q se volvió g, ciconiam -> cigüeña –aquilam -> águila y la p en b, coepullam -> cebolla.

 

Las palatalizaciones fueron muy ocurrentes en el latín tardío, por ejemplo nationem -> nación, puesto que la t se pronunció como algo semejante a tz y finalmente en ç la cual a veces dio c o z. El grupo consonántico ct -> chocto ->ocho – tructam -> trucha.

 

Los cambios morfológicos

Uno de los primero cambios más drásticos se dio en la flexión nominal. El latín era una lengua sintética, es decir, se declinaba y utilizaba el sistema de casos para designar funciones gramaticales, terminaciones que expresaban género, número y función gramatical. La declinación latina era bastante compleja, pues se dividía en cinco declinaciones, la primera correspondía al género femenino, la segunda declinación comprendía masculino y neutro, pero la declinación del masculino a su vez tenía unos nominativos irregulares, la tercera declinación comprendía los tres géneros al igual que la cuarta declinación, la quinta comprendía sólo sustantivos femeninos.

 

Aparentemente las desinencias de sustantivos estaban bien organizadas sin embargo, para el hablante promedio, resultaba caótico. Para empezar la desinencia –a podía ser un nominativo (sujeto), femenino, singular de la 1ª declinación, o podía ser un nominativo (sujeto)/acusativo(acusativo)/vocativo (exclamación) plural neutro de la 2ª. declinación; la desinencia – i representaba un nominativo (sujeto) plural masculino de la 2ª. bien podía ser un genitivo (complemento adnominal) singular de la 2ª. o un dativo (complemento indirecto) singular de la 3ª declinación. De igual manera resultaba el paradigma del adjetivo. Si a este problema, agregamos los cambios fonéticos antes mencionados, en el cual se perdió la –m final de acusativo (objeto directo) no había más remedio lingüístico que comenzar a anteponer preposiciones para asegurar la función gramatical, con lo cual se pasó de la síntesis al análisis. En latín culto la siguiente frase sería, Petrusamat Laetitiam. Petrus (nominativo/sujeto) amat (verbo transitivo) Laetitiam (acusativo/objeto directo), en latín vulgar, en inscripciones similares se hallaba Petro en un latín tardío Pedroama la –t final era obvio que no se pronunciaba y así se perdió también en la escritura,Laetitiam perdió su –m de acusativo, por lo que la inscripción en latín vulgar decía Petro ama ad Letitia. El caso genitivo (complementoadnominal) que indicaba la posesión fue de los primeros cambios en donde se antepuso la preposición de, en latín clásico Laetitia filiaPompeii formosa erat en latín vulgar se podría escribir Letitia filia de Pompei formosa era. Así el pueblo se encargó de aclarar un sistema de casos a un sistema preposicional, donde si bien se escribían más palabras, también resultaba más claro.

 

El segundo cambio, fue el uso del artículo. El latín clásico no tenía artículo, sin embargo el latín vulgar comenzó a utilizar el pronombre demostrativo ille, illa antepuesto a los sustantivos, ille puer / illa rosa, esto daría en español el artículo el /ella.

 

Otro cambio, aunque menos caótico, fue el verbal. En contraposición con la flexión nominal, la flexión verbal solía hacer cambios menos drásticos y respetar en gran medida la estructura del latín culto, éste tenía cuatro conjugaciones en –are, -ere (la primera e era larga), -ere (la primera e era breve), -ire. Tenía tres personas del singular y tres del plural, tenía una variedad de tiempos en modo indicativo, subjuntivo e indicativo así como la voz activa y pasiva. Los cambios más significativos se dieron en la voz pasiva, pues en latín culto tenía muchas formas que eran sintéticas por ejemplo amor (soy amado) la forma del pretérito amatus sum suplió en el latín a la forma culta del presente y lo que antes significaba fui amado, ahora es soy amado, tiempo presente. De esta manera se formaron los siguientes tiempos de la voz pasiva,amatus fuit se volvió fui amado.

 

Por cuestión de espacio aquí sólo se presenta una pequeña muestra de la complicada evolución que provocó el latín hablado por el pueblo, por el tan desdeñado populacho, pero que en cada región de las provincias romanas donde se habló tuvo diferencias dialectales, pues obviamente el latín de la Hispania romana se mezcló con los indígenas que ya habitaban la región cuando llegaron las tropas romanas, el celta, el ibero y el vasco; en otras regiones de la Roma Imperial el latín tomó otro tinte, como en la Galia o en la misma península itálica, de allí que cada lengua romance conserva su sustrato latino pero con un aire particular de cada zona donde se habló.

 

A manera de conclusión se puede hacer una última reflexión, si se hace una analogía con respecto al español, podríamos citar un español culto y un español vulgar, encontramos diferencias dialectales entre el español de España, de México o de Argentina, sólo por mencionar algunos países. Específicamente en México, se escribe como se habla o nuestro populacho mexicano ya le está dando forma a una nueva lengua española, aunque la Academia Mexicana de la Lengua y los letrados se indignen al más puro estilo ciceroneano y se hable con el mismo desdén de un vulgaris mexicanus sermo.

 

 

 

Bibliografía:

 

Herman JózsefEl latín vulgar, ed. Ariel, Barcelona 2001.

Alatorre, Antonio, 1001 años de la lengua española, F.C.E. México 1997.

Cart, Grimal, P. et al. Grammaire latineFernand Nathan, Paris 1955.




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