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Artículo 07

Volumen 01

Un acercamiento a la traducción

                Sandra Fuentes Vilchis


 

ENP Plantel 6 Antonio Caso”

 

 

 

A lo largo de la historia, el ser humano ha tenido la necesidad de comunicarse y para ello se ha servido de diversos medios. Su conformación fisiológica lo dispone primordialmente para hablar, así que esta capacidad lo ha llevado a desarrollar las lenguas, que al igual que seres vivos se transforman día con día adquiriendo cada vez mayores capacidades comunicativas. Con el paso del  tiempo,  la  forma  hablada,  que  no  es  duradera  por   misma,  encontró  un  medio  de permanencia en la expresión escrita, que a su vez ha tenido una evolución compleja y constantemente enriquecedora.

 

 

La traducción surge como una posibilidad de romper las barreras que impiden la comprensión de los textos escritos en numerosas y diferentes lenguas. El deseo de establecer lazos de conocimiento y comprensión entre todos los seres humanos ha impulsado el desarrollo de la traducción, que va logrando su objetivo de comunicar a pesar de las dificultades por las que ha atravesado.

Ya sea en una sola lengua o entre lenguas distintas, la comunicación humana es una traducción. El estudio de la traducción es un estudio del lenguaje. Traducir es el modo de pensamiento, de comprensión y de aprendizaje del ser humano. Se ejerce espontánea aunque inconscientemente en una conversación y durante una lectura. Al hablar se da una descripción parcial del mundo: la comunicación  se  basa  en  una  traducción  relativamente  completa  y  consciente  de  dicha percepción.

 

 

La existencia de las diferentes lenguas, que son una representación de las numerosas particularidades de cada grupo humano que las habla, propició la aparición y el desarrollo de la traducción: se volv una necesidad, un requisito indispensable para evitar el cese de la comunicación.   La traducción representa una búsqueda tenaz de las fisuras existentes en todo lazo comunicativo y el medio mejor provisto de posibilidades para tratar de saltar las barreras que limitan la unificación de conceptos cuando se presenta la ruptura entre las lenguas y su comprensión.


 

 

Desde los primeros intentos de hacer traducción, que nos recuerdan el episodio  de la Torre de Babel en La Biblia, los especialistas se han preocupado por mejorar la calidad de esta labor, ya sea buscando la fidelidad y la claridad, analizando profundamente los componentes de la obra original o trabajando sobre elementos culturales distintivos, entre otras vertientes. La evolución de la traducción ha sufrido altas y bajas según las influencias culturales, sociales, ideológicas o artísticas predominantes en cada época, pero nunca ha perdido de vista un objetivo fundamental: la comunicación. Las técnicas puestas en práctica han sido numerosas, algunas con éxito, otras de gran utilidad, muchas sin trascendencia. Todas ellas, sin embargo, han servido de alguna manera para impulsar el trabajo de traducción a niveles de profesionalismo, pues le han permitido tener hoy en día la importancia que le corresponde.

 

 

El trabajo de traducción es considerado como un arte y una ciencia al mismo tiempo. Sus técnicas ayudan a la creación de temas (como se conoce a la traducción propiamente dicha, la de pasar el texto de una lengua extranjera a la lengua materna del traductor) y versiones (la que se hace al revés, es decir de la lengua materna del traductor a una lengua extranjera) cuyos valores estilísticos, culturales y sociales participan del incremento del saber humano.

 

 

La labor técnica y artística de traducción, que ya implica la consciencia de un trabajo al que se dedica atención, conduce a hablar de teoría: la razón de ser, los caminos intrínsecos de la actividad traductora. Es también considerar lo que da vida a esta actividad: el mensaje. Más allá de conceptos comunicativos sobre un emisor y un receptor, el mensaje –o un mensaje- conlleva una carga polivalente de connotaciones. Es hablar de sentido, significado y  recepción, conceptos en los que entran en funcionamiento las capacidades mentales, expresivas, sensoriales y cognoscitivas de cada ser humano, lo que conduce a pensar que referirse al concepto de mensaje es conceptualizar al hombre en su única y amplísima individualidad, al mismo tiempo que en su diversidad por su contacto con sus congéneres. “Cada cabeza es un mundo”, dice el refrán popular, y ésta puede ser una manera, tal vez un tanto primaria, de concebir al mensaje. Así, la labor del traductor es ciertamente una de muchas formas posibles de ingresar a estos mundos y volverlos accesibles a otros.


 

 

La obra literaria es la manifestación más depurada de la forma escrita de las lenguas. La creación literaria ha sido y sigue siendo una de las mayores proyecciones artísticas del ser humano, con todos los valores que implica: es el resultado de la relación entre el hombre y su entorno,  una manifestación social y/o política, una expresión sensorial y emotiva. Cada faceta que el hombre puede reflejar de mismo, de los demás y de su mundo ha sido transformada en literatura, en obra escrita.

 

 

La literatura viaja por el mundo e ingresa al conocimiento de los seres humanos gracias a la posibilidad de traducir. Sin embargo, preocupa observar que muchos de los traductores que trabajan con obras literarias muestran en numerosas ocasiones  dos problemas importantes en las obras que traducen: el primero, el desconocimiento de la obra, en particular en lo referente al autor (su evolución artística, el trasfondo histórico y cultural que enmarcan su actividad literaria y el estudio de sus técnicas de escritura) y al conocimiento del texto y de sus intenciones; el segundo, la falta de conciencia sobre lo que representa traducir, que se manifiesta en muchas ocasiones por el desconocimiento de las técnicas que existen.

 

 

En el campo de los estudios literarios, la traducción ocupa un lugar preponderante por su trascendencia cultural. Se ha hablado mucho sobre lo que es traducir, y gracias a la gran cantidad de trabajos que existen al respecto sabemos que es una actividad importante, que no se trata de una tarea fácil y que es una labor profesional que implica conocimiento y responsabilidad. Conocimiento que surge de los estudios realizados y aplicados a los neros literarios, lo que permite adquirir una visión más amplia de los errores que pueden aparecer en el traslado de la lengua original a la terminal; conocimiento de la obra analizada, de las fuentes que le dieron origen,  de  la  tendencia  del  autor,  de  la  intención  de  la  obra.  Responsabilidad,  en  el profesionalismo que se manifiesta en el desarrollo del trabajo como una disciplina pensada y analizada detenidamente; responsabilidad que es, sobre todo, un compromiso con el lector, pues el objetivo final es la presentación de una nueva obra a la opinión de quien desea disfrutarla en su propia lengua, pues de no ser por la traducción, no podría acceder a la obra original.


 

 

Entre todos los lectores que acceden a las obras literarias traducidas, un blico en particular es importante: el de los adolescentes. Muchos estudiantes huyen de la lectura de las obras literarias (y de los consiguientes reportes de lectura, análisis de textos o simplemente de dar una opinión) que les indican en las clases de Literatura. No siempre lo hacen porque no les guste leer, sino porque no comprenden lo que están leyendo. Muchas de las obras en cuestión son traducciones. Al  observarlas,  se  puede  encontrar  que  en  ocasiones  presentan  problemas  severos:  faltan párrafos enteros, la información es falsa o está mal explicada, o hay vocabulario mal traducido, entre otros. Todo profesional ha adquirido el conocimiento que necesita para el ejercicio de su profesión, en buena medida, en textos traducidos,  y es preocupante pensar en todo lo que  se ha aprendido de manera errónea en algunos de ellos. Por consiguiente, la obligación de un traductor que se considere profesional debe tender a la creación de traducciones responsables, que transmitan el mensaje del texto original, que lleguen a provocar el placer de la lectura y que, en particular, guíen la apreciación consciente del estudiante que va a emitir un juicio crítico sobre un autor y su obra, a través de los cuales conocerá las tendencias literarias o las obras ejemplares de una época. Las obras clásicas han sido llamadas así porque son, entre otras cosas, modelos excelsos de labor literaria que inducen a la crítica y al análisis, al mismo tiempo que estimulan el surgimiento de nuevas obras igualmente valiosas o superiores, y es en estas obras en las que el estudiante aprende o incrementa su saber literario.

 

 

La traducción puede realizarse conscientemente para obtener textos en los que el traductor manifieste un compromiso de profesionalismo con el autor, con la obra, con cada una de las lenguas que trabaja, consigo mismo, con su trabajo, pero principalmente con el blico, con los lectores a quienes va dirigida la traducción. Trabajos que despierten en el lector el mismo placer que el traductor sintió en su elaboración y que aumenten otro placer aún más importante: el de la lectura, que hoy en día es cada vez menos frecuente. La traducción es una labor que necesita estar permanentemente comprometida con la calidad, que implica responsabilidad ante el trabajo y ante el lector, conocimiento de todas las fuentes que han participado en la producción de la obra, manejo inteligente de las técnicas de traducción, valor para saber decidir la manera en que se va a elaborar y satisfacción por el resultado logrado de manera pertinente.


  

 

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