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Artículo 06

Volumen 02


El pensamiento crítico en la enseñanza de

una lengua extranjera

 

Oscar Eduardo Barrón Atempaneca

Colegio de Inglés

ENP Plantel 6 “Antonio Caso”

 

En el ámbito de la enseñanza de lenguas extranjeras, el Plan de Estudios de 1996 de la Escuela Nacional Preparatoria (E. N. P.) fundamenta la importancia de la adquisición de al menos una lengua extranjera en el valor de tener una herramienta que brinda al alumno la oportunidad de consultar información,  escrita u oral, en otra lengua además de la materna, así como en el manejo de la lengua en distintas áreas tales como la ciencia, la tecnología, la economía e incluso el esparcimiento.

 

Para lo anterior, el Plan de Estudios propone el desarrollo de competencias a partir de la planeación de los contenidos temáticos, dichas competencias son el análisis de la información, la comunicación en sus cuatro aspectos –lectura, escritura, audición y habla -, la creatividad y la autonomía e individuación. A partir de este punto, y tomando en cuenta los objetivos del curso de lengua extranjera, puede establecerse un vínculo entre la educación basada en competencias, el paradigma constructivista y el método comunicativo-funcional.

 

El modelo constructivista en que se basa el Plan de Estudios de la E. N. P. retoma los conceptos de la competencia comunicativa para integrarlos en los programas de la asignatura de inglés con el fin de desarrollar en los alumnos las habilidades, capacidades y conocimientos que le permitan desarrollar tal competencia, lo que les será útil para desempeñarse mejor en su paso por estudios superiores al manejar información que, de otra manera, no podrían consultar en su lengua materna. Igualmente, más allá del ámbito educativo, el desarrollo de la competencia comunicativa le abrirá al egresado las puertas a un mejor desarrollo profesional.

 

 

La educación basada en competencias se sustenta en el entendido de que una sociedad que busca su desarrollo y armonía con otras naciones (desarrollo sustentable), debe preparar a su población para tomar decisiones y resolver los problemas que se presenten en lo cotidiano a cualquier nivel, ya sea  profesional, familiar o social. De esta manera, “la educación para un futuro sustentable clasificará al pensamiento enfocado hacia el porvenir como una pieza clave en el proceso educativo” (UNESCO, 2003).

 

La competencia comunicativa se define entonces como el instrumento para externar sentimientos, pensamientos, ideas, necesidades, opiniones; todo en el marco de una acción, que será la expresión oral o escrita. Para llegar a ese nivel, el alumno debe interiorizar todos los aspectos referentes a la comunicación: gesticulaciones, movimientos, posturas, acentos e inflexiones determinados por la situación en la que se encuentren el hablante (emisor) y el oyente (receptor). Así, el mensaje que se envía y se recibe tendrá un significado.

 

De lo anterior, se comprende que el lenguaje es el resultado de una compleja cadena de signos aceptada por convención dentro de una familia, clase social, cultura, religión, contexto político, grupo racial, ramo económico, entre otros conglomerados de la sociedad; por lo tanto, el individuo debe aprender a discriminar cada grupo en el cual debe ejercer la comunicación. El lenguaje, sin embargo, tiene sus limitaciones, por lo que el hablante debe desarrollar la habilidad de iniciar la comunicación haciendo uso del código y usando las reglas del lenguaje (Jaramillo y Mendoza, 2007).

 

Es en este punto en que la educación basada en competencias se sirve del pensamiento crítico, para que el alumno pueda llevar a cabo un proceso mental en el que tomará decisiones sobre cuándocómodóndepor qué, para qué, y con quién hacer uso de las capacidades y habilidades que ha desarrollado. Como ejemplo, al dirigirse a un interlocutor durante un juego de fútbol, la capacidad de guiar a los jugadores tendrá un matiz diferente al de responder a cuestionamientos durante una entrevista de trabajo. A pesar de ello, el proceso en ambas situaciones será el mismo, entrarán en acción las habilidades de cómo hablar y dirigirse verbalmente a los demás, qué gesticulaciones realizar, a quién, para qué y por qué usar determinado volumen, tono de voz o pausas en el discurso y esto ocurre en todas las lenguas.

 

Las acciones llevadas a cabo, sin embargo, no son espontáneas, al menos en el corto plazo; para llegar a ellas hay que pasar por diferentes niveles y procesos mentales antes de elaborar una conclusión y realizar una acción. A continuación se enlistarán y definirán los niveles que guían a una persona a pensar de manera crítica.

 

En el proceso de la toma de decisiones, se debe realizar una interpretación del problema que se enfrenta, es decir, ubicarlo en una categoría, una jerarquía dentro de otros problemas similares enfrentados con anterioridad; para en seguida decodificar el significado, medirlo en términos de dificultad; y, finalmente, aclarar el sentido, elegir acciones a tomar de acuerdo con dichos términos (Facione, 2007). Aún si los eventos que sirven de referente son malinterpretados o no tienen un sustento científico, son igualmente valiosos por la orientación que el pensador puede darles.

 

En seguida se debe llevar a cabo un análisis de la situación. Lo anterior incluye examinar las ideas, comparar las diferentes situaciones enfrentadas anteriormente y, mediante la detección y análisis de los argumentos se sopesan las razones por las cuales se toma determinada decisión, lo cual conduce directamente a la evaluación del problema. Aquí, se expresan juicios, creencias y opiniones, después de haber valorado las fortalezas y debilidades de las alternativas para encontrar una solución. La asociación ayuda a recuperar elementos de información relacionados con los datos ya presentados. Las relaciones pueden ser de carácter dicotómico como en el caso de verdad vs. mentira, o de carácter sinónimo, razón y pensamiento, por ejemplo.

 

El siguiente nivel es la inferencia, en la que los resultados de la evaluación son cuestionados a fin de proponer alternativas elaborar conclusiones. La simulación genera el establecimiento de escenarios imaginarios en los que se desarrollan situaciones y la manera en que se actuará en cada una de ellas. Estos escenarios y situaciones ayudan al pensador a planear las estrategias que seguirá para tener un mejor desempeño cuando la situación se presente en la realidad. La regla de similitud va de la mano con la anterior: al observar una problemática el pensador compara su situación con la que se acaba de presentar y genera los escenarios y posibles soluciones en caso de que llegase a estar en el mismo caso que observó.


El resultado del pensamiento crítico se expresa mediante dos habilidades, la primera, la explicación, servirá para presentar los resultados obtenidos después de haber interpretado, analizado, evaluado e inferido las posibilidades de solución de la situación. La explicación describirá los métodos a seguir y justificará los procedimientos, así como la proposición y defensa de éstos de acuerdo a un concepto o causa.

 

La segunda habilidad,  la autorregulación, es el monitoreo conciente que la persona realiza de sí misma. Este proceso se lleva a cabo mediante el autoexamen y la autoevaluación, a través de los cuales se asegura que la exposición de los resultados aplicados es comprendida por los interlocutores para que, de no ser así, se modifique el estilo explicativo y, de requerirlo, solicitar argumentos para mejorar sus opiniones.

 

En resumen, una persona que aplique el pensamiento crítico en su vida se distinguirá por las siguientes características:

  • argumentará sus opiniones de manera clara y concisa;
  • gustará de tomar decisiones en lugar de esperar a que otros las tomen;
  • analizará las fortalezas y debilidades de un problema para buscar la mejor solución;
  • buscará otra solución en caso de fallar;
  • confiará en las decisiones propias;
  • estará dispuesto a indagar, investigar y persistir en la búsqueda de resultados precisos y acordes al problema o la situación;
  • escuchará los argumentos de otros y mantendrá la mente abierta;
  • buscará las fortalezas en las opiniones de los demás.

 

Una vez conocido el proceso para llevar a cabo el pensamiento crítico, la tarea del docente es trasladarlo a la clase para que tanto los alumnos como él mismo tomen conciencia de los cuatro aspectos de la educación para la vida, lo cual permitirá estudiar desde diversos ángulos un mismo problema, demostrando que se conoce. De igual forma, buscarán una solución factible para el mismo, haciendo uso del saber hacer para, finalmente, aplicarlo a los distintos aspectos de su vida, ejecutando el saber ser y el saber vivir.

  

 

 

 

Bibliografía

Jaramillo, S. y Mendoza, V. (2007) Competencias educativas, profesionales y laborales: Un enfoque para el seguimiento de egresados en instituciones de nivel superior.México. FIMPES.

 

Fuentes de Internet

Facione, P. “Pensamiento crítico: ¿qué es y por qué es importante?” Disponible en http://eduteka.org./PensamientoCriticoFacione.php. Fecha de consulta junio 18 de 2007

UNESCO, “Quality Education” (2003) Disponible en

http://portal.unesco.org/education/en/ev.php-URL_ID=27542&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html 

Fecha de consulta mayo 21 de 2007



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