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Artículo 10

Volumen 03


Singularidades de la lengua inglesa y sus incursiones en la lengua española

 

Margarita Rivera Barrera

ENP Plantel 7 “Ezequiel A. Chávez”

Colegio de  Inglés

 

En la preservación de la identidad de cada idioma es válido usar, en ocasiones, extranjerismos en el momento adecuado, ya sea porque la situación así lo demande o porque la palabra adecuada no venga a la mente. Lo que no resulta permisible es exponer la identidad del propio idioma o no tomar en serio la preservación de dicha identidad. Según la Academia Mexicana de la Lengua  “la identidad de un idioma descansa en la totalidad de funciones fonológicas y sintácticas que rigen toda formación posible de frases, palabras y segmentos significativos de palabras, siendo esto lo que se llama sistema lingüístico y que es lo que hace que un idioma sea irreductible a otro, es decir que la permanencia de un sistema lingüístico es la continuidad de un idioma y,  por lo tanto, no puede hablarse de un porcentaje admitido o determinado de anglicismos, galicismos, italianismos o hispanismos,  que puedan utilizarse en otra lengua…”.[1]

 

Una de las manifestaciones más evidentes de la transculturación en el mundo actual es la interferencia lingüística, a nivel léxico,  de los países poderosos en otros en vías de desarrollo. No hay idioma que esté exento de recibir nuevas voces por necesidades políticas, económicas, técnicas o educativas. Sin embargo, cada uno tiende a incorporarlas de acuerdo a su propio sistema lingüístico. De esta manera, en nuestro caso podríamos considerar que las palabras castellanizadas, sin importar su origen, forman ya parte de nuestro propio idioma.


 

Los anglicismos en el español de habla común en México  pueden ser generales, si los han adoptado todos los hablantes locales o si son propios de ciertas zonas, como las fronterizas con los Estados Unidos.   Pueden, asimismo, caracterizarse como préstamos antiguos, incorporados desde hace mucho al vocabulario español, o bien son transferencias recientes. Diferente es el caso de aquellos como: marqueta por market; bloque por block; bos por bus; porche por porch, troca por truck; watchear por watch; etcétera. Estos ejemplos son propios de mexicanos, que aunque radican frecuentemente en ciudades fronterizas, del lado mexicano, suelen trabajar en ciudades norteamericanas.

 

Una condición indeseable que suele presentarse a menudo, durante la primera fase de su incorporación, es que la voz extranjera permanece en su forma original, sin integrarse debidamente a la otra lengua. Sin embargo, hay extranjerismos que pueden considerarse como necesarios porque fueron importados a nuestra cultura de manera conjunta con el concepto, resultando así definitivamente intraducibles, como lo son la mayor parte de las voces inglesas que se refieren a deportes como el béisbol, a ciertas comidas, ropa y algunos fenómenos de la vida social ( bistec, hot dog,  taxi,  overol, garden party). Los intentos por hispanizar estos vocablos, pocas veces tienen éxito, resultando aceptables las voces tiro de esquina, por corner, tiro de  castigo por penaltyreferee por arbitrogoal keeper por arquero ó portero.  Otras muchas voces no cuentan con la aceptación general. Menciono la observación que un inquieto estudiante de secundaria del colegio Francés Hidalgo de México, institución  incorporada a la UNAM, le formuló a la Academia Mexicana de la Lengua: “¿Cómo afecta la influencia de otros países a nuestro idioma?  No son otros países, sino otras lenguas las que influyen en nuestro idioma”.

 

Esta influencia es un arma de dos filos, ya que puede enriquecer o empobrecer  nuestra lengua y corromperla; la hace progresar si las palabras tomadas de otras lenguas son indispensables en el español, por carecer de equivalente en éste y si se les trae ‘vestiditas a la española’, con una ortografía y pronunciación en español, lo que logra que sean benéficos los extranjerismos en nuestra lengua.  Así, por ejemplo, palabras de origen francés que usamos todos los días desde hace siglos tales como “jamón” y “chimenea”, que  ya están adaptadas puesto que no decimos jambon ni cheminée. De esta manera vemos que el diccionario de la Real Academia Española registra las siguientes palabras: estrés y no stress (forma inglesa), estándar y no Standard (forma inglesa), chequeo y no check up (forma inglesa) béisbol y nobaseball (forma inglesa), entre muchas otras. Lo mismo puede decirse de highball, que todavía no se registra como jaibol, lo que se consideraría  muy útil, pues así diríamos: ‘vamos a echarnos un jaibolito o jaibolazo , o vamos a jaibolear …’[2]

 

También hay que considerar  que ningún diccionario, de cualquier lengua, recoge absolutamente todas las palabras de las lenguas extranjeras, que se han incorporado a ella.  Por ello, si una palabra es necesaria y está bien utilizada dentro de un contexto,  hay que emplearla. Las lenguas, en resumen, enriquecen su vocabulario tomando un sinnúmero de palabras de otras lenguas. En el caso del Español, su gran riqueza proviene de miles de voces tomadas del árabe, del italiano, del francés, del náhuatl y muchas más.  El inglés es una lengua con más  vocabulario, habiéndose enriquecido con miles de palabras derivadas del latín o del francés.

 

Un ejemplo idóneo con respecto al enriquecimiento de una lengua por la influencia de las lenguas extranjeras con las que ha estado en contacto es el de la palabra latina  “vinum” que,  aunque no lo es de   origen, fue tomada por los romanos de una lengua oriental. Posteriormente, las lenguas romances, derivadas del latín, heredaron esta palabra de la siguiente manera: al español, vino; al francés, vin; al italiano vino,  al portugués vinho; al catalán vi.  De aquí se desprende que cada lengua tuviera la misma raíz, pero que la adaptara a su propio sistema lingüístico según sus necesidades. Sin embargo,  puede observarse  que varias lenguas no romances han tomado la misma palabra del latín para incorporarla: al alemán Wein; al inglés wine; al finés vini.

 

Existen casos en que los hablantes toman extranjerismos y los aplican incorrectamente. Así tenemos la anécdota en la que una señora  aparentemente  preparada habló frente a las cámaras de televisión de sus petecitos, esto es: perro, gato, hámster… es decir, de sus “mascotas”.   Esta persona utilizó la palabra inglesa pet con un diminutivo en español. La señora, queriendo mostrarse muy culta, no supo en realidad utilizar en forma adecuada ninguno de los dos idiomas. En inglés, mascotas se dice  pets, cuyo diminutivo es little pets. Este es un ejemplo que se presenta en muchos casos, en los cuales, existiendo el equivalente en español, algunos hablantes mexicanos prefieren  la voz inglesa, como un rasgo  sumado a otros,  mediante los cuales se identifican con facilidad como personascuyo prestigio social, a  juicio de ellas, descansa en la posesión de objetos extranjeros, en la imitación de lo que no les es propio,  y en el uso de extranjerismos innecesarios, mostrando así un profundo complejo de inferioridad, lo que en inglés se expresa como wannabe.

 

Existen también los juegos de palabras y los equívocos, como el ya clásico que se presenta en el título de la obra de Oscar Wilde: La importancia de llamarse Ernesto. El nombre propio Ernest (Ernesto) nos lleva a una serie de cómicas confusiones, ya que, a la vez, significa ’homosexual’, ‘hombre’ (manera de dirigirse a una persona del sexo masculino cuyo nombre desconocemos),   y contrasta con el término homófono earnest, cuyo significado es serio, formal, determinado o pacífico.

 

Para finalizar, es de mencionar una expresión muy usual que, como lo menciona H. L. Mencken, “the most shining and successful American…… ever  invented”. (La más brillante y exitosa expresión americana jamás inventada): el O. K, que algunas veces se escribe okay, y que se ha hecho mundialmente célebre.  Una de las explicaciones más plausibles o “extravagantes” de su origen es  Orl krekt ,  que  es una deformación de “all correct”, atribuida al Presidente Andrew Jackson, que trataba de imitar una forma de hablar popular.

 

Es importante mencionar que se considera que ningún gobierno o medida legal pueden asegurar la preservación de cualquier idioma. Como lo afirma el maestro Carlos Montemayor,  de la Academia Mexicana de la Lengua: “son los hablantes, los pueblos mismos, los únicos continuadores y poseedores de las lenguas”.

 

 

Bibliografía

·     Benedict, Ruth. Patterns of culture. Houghton Mifflin. New York, USA. 1934.

·     Geertz, Clifford. The interpretation of culture: selected essaysFontana Press. London, UK. 1993.

·     Bulger Anthony (1991). Inglés perfeccionamiento (inglés y americano) [Adaptado para el uso de los hispanófonos por el Instituto Vikingo (Madrid) dibujos de J. L. Goussé]. Francia: Aubin Imprimeur (1993).

·     The Chambers Dictionary. New edition (2000). Chambers Harrap Publishers Ltd. (1998). UK, p. 1128.

·      Salado Alvarez, Victoriano. Jueves de la Academia. Mexicanismos (2001, 7 de mayo).Excelsio,pp.5Ay30 A


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[1] Jueves de la Academia: Extranjerismos  (2000, 4 de marzo). Excélsior, pp. 5A y 32A. Es decir, que no puede reducir sus elementos esenciales y simples.

 

[2] Jueves de la Academia: El Lenguaje (II)  (2000, 13 de abril). Excélsior, pp. 5A y 40A.



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