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Artículo 01


   “Búscalo en el diccionario”.

Pero ¿cuál consultar?

 

Claudia Cecilia Baez Barrientos

Colegio de Literatura

ENP Plantel 6 “Antonio Caso”

 

Segunda parte

 

Resumen: Cuando somos pequeños y tenemos duda sobre el significado de alguna palabra nueva que se presenta en nuestro entorno y consultamos a algún adulto, es común que en lugar de aclarar nuestra duda nos respondan “Búscalo en el diccionario”, pero no nos explican cómo utilizarlo; entonces el acercamiento que tenemos a los diccionarios resulta intuitivo. En el caso de los estudiantes de nivel medio superior, si bien los profesores los motivamos constantemente a que consulten el diccionario, en escasas ocasiones nos detenemos detalladamente a indicar a los alumnos cuál consultar y cómo utilizarlo, según el propósito de su búsqueda. Hay tantas posibilidades para la consulta de una misma palabra que difícilmente un solo diccionario podría contemplar y resolver todas; entonces ¿qué diccionario consultar, cómo utilizarlo y, sobre todo, cuándo?

 

Palabras clave: Diccionario

 

B)   Diccionarios semasiológicos

 

Parten del significante al significado y por lo general están ordenados alfabéticamente; constituyen la mayoría de los diccionarios que conocemos; los más útiles para la consulta de alumnos de bachillerato son:

 

Normativos. Registran las palabras que son reconocidas por una institución de autoridad en el campo. Prácticamente el único en español es el Diccionario de lengua española (1714) de la Real Academia, el cual se actualiza continuamente y va por su 22ª edición. Contrario a lo que suele pensarse, no es un diccionario recomendable para consultar significados pero sí para ubicar si una palabra está o no reconocida; por ejemplo: aburrición la reconoce como forma coloquial pero remite a aburrimiento, en el caso de observancia no sólo la reconoce sino que da la definición; en el caso de sospechosismo no está registrada y, por lo tanto, mejor no utilizarla.


Descriptivos. Registran un inventario determinado de las palabras que integran nuestro idioma, sin etiquetas de corrección, describiendo las características semánticas que corresponden a tal concepto. En ocasiones añaden información etimológica y enciclopédica, tomando en cuenta palabras actuales. La mayoría de los diccionarios que utilizamos, incluso escolares, pertenecen a este tipo; entre los más comunes y confiables se encuentran los de las editoriales Larousse, Vox, Aguilar y Porrúa.

 

Etimológicos. Dan cuenta del origen y evolución de las palabras; por lo tanto, observa un enfoque histórico, aunque sólo aborda los aspectos lingüísticos de la palabra (morfología y semántica.). En clases de literatura, historia o filosofía, puede ser de utilidad para que nuestros alumnos consulten el significado de una palabra en siglos anteriores o incluso puede utilizarse en clases de ciencias para que conozcan por qué ciertos elementos son denominados como los conocemos actualmente. En español prácticamente nos topamos con un único diccionario, el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1954) de Joan Corominas, que también podemos encontrar en su versión Breve. Otro diccionario etimológico es el realizado por Guido Gómez de Silva, en coedición del Colegio de México y el Fondo de Cultura Económica pero no tiene la magnitud del primero.

 

De uso. Al igual que los diccionarios descriptivos, registran un inventario determinado de palabras actuales que integran nuestro idioma, indicando los significados que se atribuyen a un concepto determinado en el uso real de la lengua; es la tendencia actual en lexicografía y suelen incorporar acepciones no reconocidas por la Academia. Este tipo de diccionarios puede servirnos en clase para que los alumnos revisen que ciertas palabras o significados que utilizan son reconocidos lingüística y socialmente. En este rubro, el diccionario más reconocido del español es elDiccionario de uso del español (1960) de María Moliner, uno más actual es el diccionario Lema (2001), publicado por la editorial Vox; un diccionario local, pero con reconocimiento internacional, es el Diccionario del español de México(2010) coordinado por Luis Fernando Lara y publicado por el Colegio de México. Conforme ha evolucionado su investigación se han publicado diferentes formatos, como la versión escolar para nivel básico: Diccionario fundamental del español de México.

 

De dudas. Observan también un carácter normativo ya que tienen la finalidad de proporcionar a quien los consulta el uso correcto de alguna palabra o expresión de la cual no está seguro. Hay varias opciones en español, el más reconocido es el Diccionario de dudas y dificultades del castellano de la lengua española (1986), de Manuel Seco; uno más reciente es el Diccionario de usos y dudas del español actual (1996), de José Martínez de Sousa; la opción más actualizada es el Diccionario panahispánico de dudas (2005) de la Real Academia Española.

 

Dialectales. Aportan el inventario léxico de una región así como el significado particular de alguna palabra en esa región. Podemos encontrar dos variantes, una general que indica las semejanzas y diferencias como cada uno de los países de nuestro continente utiliza alguna palabra, o una particular que se restringe a un país específico.  En ambos casos, los más tradicionales son los de Francisco Santamaría (1959), pero encontramos también los de las respectivas Academias; en cuanto a mexicanismos encontramos el de Gómez da Silva y el de Concepción Company. Este tipo de diccionarios pueden ser útiles en las clases de literatura mexicana e hispanoamericana.

 

Terminológicos. Registran conceptos empleados en algún campo profesional específico. Para las clases de lengua y literatura podemos encontrar el Diccionario Básico de Lingüística (2005) de Luna Traill o el Diccionario de retórica y poética (1985), de Helena Beristáin.

 

De correspondencia. No tienen la finalidad de definir palabras, sino de ofrecer un inventario de opciones en relación al significado. Hay dos tipos de estos diccionarios, los monolingües, que ofrecen sinónimos y antónimos, y los bilingües, que indican la correspondencia en dos lenguas. En una clase de redacción, tanto de lengua materna como extranjera, podemos utilizarlo para que los alumnos amplíen su vocabulario. Hay varias opciones, generalmente son conocidas más por la editorial que las publica que por el autor que elaboró el diccionario: Espasa, Grijalbo, Larousse, Vox, Porrúa, Océano.

 

A)   Otros

 

Existen obras de consulta que no son propiamente diccionarios ya que su objetivo no es el de definir, pero han sido consideradas como tales por el orden alfabético y las características lingüísticas y conceptuales que observan. Entre éstas se encuentran:

 

De conjugaciones. Registra los modelos de conjugación regulares en todos los tiempos, en las formas simples y compuestas; ofrece una lista alfabética de los verbos que corresponden a tales modelos; en el caso de los verbos irregulares también los conjuga en todos los tiempos. No tiene el propósito de definir, pero sí de aportar información sobre el tipo de verbo del que se trata: regular, transitivo, prepositivo, etcétera. En clase podemos utilizarlo sobre todo con los verbos irregulares que se diptongan, en los casos en que los alumnos no quedan muy convencidos con la explicación del maestro como nevar/nievesoldar/sueldo.

 

Inverso. Registra las palabras escritas de forma inversa; aunque presenta la definición de la palabra, el diccionario en sí tiene la finalidad de ofrecer palabras afines que pueden emplearse en una rima. Si en clase nuestra finalidad no es fomentar la faceta creativa de los alumnos, pueden acudir a él para buscar elementos cacofónicos.

 

 

Enciclopedia. Básicamente aporta la misma información y organización que los diccionarios descriptivos o de uso, pero añade aspectos que no se restringen a los lingüísticos; además, ofrece información sobre nombres propios de personajes, ciudades, etcétera. Puede abarcar los conceptos de lengua general o restringirse a un campo específico. En clase puede consultarse para que los alumnos conozcan aspectos históricos, geográficos y anecdóticos de ciertos conceptos, o bien para que indaguen la biografía de algún personaje.

 


CONCLUSIONES

¿Cómo podían guardar los hombres tantas palabras? Era imposible, nadie conservaría tan gran suma de conocimientos. Y libres de nombres, las cosas quedaban distantes y misteriosas. No habían sido hechas por la gente. Y los individuos que se metían entre esas cosas cometían una imprudencia. Con admiración y miedo, hablaban bien bajito para no desencadenar las fuerzas extrañas que tal vez encerrasen.

Graciliano Ramos, Vidas secas, 1972.

 

Redactar bien no sólo consiste en saber manejar un uso normativo de la lengua, sino también en conocer las herramientas a las que podemos acudir cuando nos encontramos ante una duda; esto requiere de una gran disciplina ya que no hay un solo material que pueda resolver por sí solo las opciones que hemos contemplado.

 

Dotar a nuestros alumnos de bachillerato del conocimiento del material del que disponen y crear en ellos la disciplina de consultarlo, no debe restringirse solamente a una materia; dicha labor puede repartirse entre aquellas relacionadas con la enseñanza de una lengua, sea materna o extranjera, actual o histórica. De tal forma, el alumno podrá conocer detalladamente las características de cada uno de los diccionarios que puede utilizar en cada caso.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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