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Artículo 02

Volumen 10


La imagen verbal y la filosofía

de lenguaje poético

 

Nelya Babynets

Colegio Lenguas Vivas: Inglés

ENP Plantel 6 “Antonio Caso”

 

 

 

 

Resumen: La imagen verbal es uno de los términos más comunes y ambiguos en la crítica literaria moderna y en el área de filosofía de lenguaje, no obstante, la noción de imagen verbal abarca un campo demasiado amplio para poder determinar con exactitud sus límites. La imaginería verbal puede estar relacionada con los sentimientos, el uso figurativo del lenguaje o ser simplemente una representación gráfica; a menudo suele ser palabra, frase, oración, hasta el poema completo; sustantivos, verbos, adjetivos y adverbios, simples términos y series complejas de conceptos verbales. Por tanto, en este trabajo se propone analizar varios acercamientos a la noción con el fin de reducir la ambigüedad que el término “imagen verbal” genera.

 

Palabras claveimagen verbal, filosofía del lenguaje,

uso del figurativo del lenguaje, conceptos verbales.

 

 

La ambigüedad denominativa que goza la imagen verbal en la crítica literaria moderna asimismo como en la filosofía de lenguaje no deja de sorprender. La cuestión mencionada ha sido definida de distintas maneras entre cuales destacan su visión como una representación oral de la experiencia sensual y la percepción de la imagen verbal dentro de los límites de un cuadro mental evocado por el proceso de la metaforización. W. J. T. Mitchell, a su vez, establece la tendencia de relacionar la imaginería verbal con lenguaje de uso figurado:

Literal language is generally understood (by literary critics) as straight, unadorned, unpicturesque expresión, free of verbal images and figures of speech. Figurative language, on the other hand, is what we ordinarily mean when we talk about verbal imagery. (W. J. T. Mitchell, 1984:513)

 

El acercamiento de Mitchell vuelve a recordar que la idea de relacionar imaginería verbal con el lenguaje figurativo es un discurso antiguo. Ya Aristóteles en su estudio “Retórica” instaura el concepto del momento icónico del lenguaje, siendo la metáfora el tropo por excelencia que crea la imagen verbal. El pensamiento del filósofo griego trascendió por siglos en la cultura occidental y varios estudiosos seguían relacionando imagen verbal con la metáfora. En el siglo XIX G. W. F. Hegel en su obra “Filosofía del arte o Estética” retoma el concepto icónico de la metáfora que posteriormente fue desarrollada con profundidad por Paul Ricoeur. El autor francés encontró nuevos acercamientos hacia la evaluación funcional del proceso metafórico lo que permitió ampliar el campo de investigación sobre la imagen verbal y establecer el vínculo entre el poder discursivo del lenguaje y la fuerza sensual de la experiencia real. Este último punto juega un papel muy importante en el análisis de la presencia de la imagen verbal y será retomado en nuestro estudio. De modo que a continuación se revisarán algunos postulados más significativos desde la perspectiva de dichos autores que marcan el desarrollo teórico sobre la imaginería verbal.

El análisis aristotélico de la metáfora como imagen verbal se basa en dos disciplinas: retórica y poética. Un distinto enfoque de las materias analizadas presenta un concepto de la metáfora desde diferentes ángulos: en el discurso argumentativo y como parte del proceso creativo poético.

La definición del tropo se origina de una semántica donde el nombre forma la unidad principal del estudio y se encuentra en “Poética”. Aristóteles anuncia que “metáfora es la aplicación a una cosa de un nombre que le es ajeno; tal traslación puede ser del género a la especie, de la especie al género, de una especie a otra especie o por analogía”. (Aristóteles, Poética, 2006: 1457 10-15) Esta definición establece la categoría de semejanza entre nociones opuestas que juega un papel de gran importancia en la determinación del momento icónico del lenguaje figurativo.

Sin embargo, la metáfora en la “Poética” de Aristóteles aparece como simple adorno, debido a su subordinación a la mimêsis y a la creación poética de la tragedia que en opinión del sabio griego es una filosofía que se eleva a lo universal y tiende a presentar superior a los hombres reales. “Y esta misma diferencia separa también a la tragedia de la comedia: ésta se propone imitar a los hombres peores de lo que son, aquélla, en cambio, mejores”, enuncia Aristóteles. (Aristóteles, Poética, 2006: 1448 15-20) Por ser tragedia el género que eleva, la mimêsistiene doble función: imitar lo humano y desplazar la trama a lo alto. Es lo que determina el concepto de la metáfora en este estudio aristotélico. Subordinada a la mimêsis, la metáfora pierde su función referencial y se considera como una simple desviación respeto al lenguaje ordinario, como una palabra rara, insólita, abreviada, etc. Fuera del contexto, el tropo se pone al servicio de bien decir y propone únicamente una diversificación del sentido, en otras palabras se convierte en un simple adorno del poema.

Cabe mencionar que “Retórica” es la obra donde Aristóteles genera las observaciones más interesantes sobre la metáfora como imagen verbal. La metáfora como parte del discurso persuasivo adquiere el momento icónico debido a su capacidad de “poner ante los ojos”, dado que el argumento demostrativo llamado silogismo junto con el argumento verosímil conocido como entimema unen aspectos discursivos y sensitivos del lenguaje. Es decir, la retórica no puede ser completamente argumentativa, porque se dirige al oyente y tiene que tomar en cuenta las emociones, las pasiones y las costumbres del espectador. La unión de aspectos discursivos y sensitivos del lenguaje en nuestra opinión crea la presencia dado que “el reconocimiento o la capacitación de una “presencia” es un asunto altamente afectivo, incluso crotético”. (Parret, 2008:12)

A todo esto cabe añadir que la metáfora es siempre comparación entre dos aspectos distintos que Paul Ricoeur define como desviación que además de producir cambio de significado consiste en evitar metaforizar de una manera convencional siempre preocupándose por lograr el efecto de sorpresa. Con ello el uso metafórico se relaciona con el empleo de términos raros, poéticos, rebuscados, abreviados. Aristóteles manifiesta al respecto: “El que utiliza palabras extrañas […] se aleja de lo habitual. Llamo “extrañas” a las palabras insólitas, a la metáfora”. (Aristóteles, Poética, 2006:1458 20-25) Al comparar las calidades distintas de los objetos se produce el momento de asombro que según Parret es el modo de percepción de la presencia. (Parret, 2008: 14)

Aristóteles también manifiesta que la metáfora describe lo abstracto por medio de lo concreto y explica su antítesis de la siguiente manera: “Las expresiones elegantes proceden de la metáfora por analogía y de hacer que el objeto salte a la vista, queda ya tratado. […] llamo saltar a la vista a que <las expresiones> sean signos de cosas en acto”. (Aristóteles, Retórica, 2006: 1411 20-25) La comparación de los objetos en actos crea mayor grado de riqueza de las asociaciones lo que produce un alto grado de desarrollo de la sensibilidad que añade a la obra el tono dramático reconocido como la esencia de la imagen verbal. De igual manera se logra el mayor grado de la presencia de imagen verbal en una creación literaria.

Como ejemplo se puede mencionar la poesía metafísica inglesa cuya vivacidad sensual de imaginería verbal, término empleado por Rosemund Tuve, es ampliamente conocida. Hay que destacar que los procesos de equiparación metafísica no se diferenciaban de los que empleaban en su obra los autores de la tradición isabelina: ambas escuelas se basaban en el principio introducido ya por Petrarca. Del mismo modo los poetas metafísicos y el gran humanista italiano comparaban dos cosas desiguales excepto por un detalle. Así, los labios de una persona no tienen nada que ver con el coral salvo el color; dureza o aspereza del mismo que pasan desapercibidos. La diferencia fundamental consiste en que la escuela isabelina buscaba la semejanza en calidades exteriores, mientras que los poetas metafísicos se enfocan en explorar parecidos en funcionamiento interno de las cosas. Por consiguiente, los poetas isabelinos operan con las descripciones y los metafísicos comparan acciones. Así la búsqueda de semejanzas entre las rosas y cachetes crea una imagen estática que rinda únicamente satisfacción estética. Por el contrario la comparación de los altibajos de una relación amorosa con el movimiento de sombras bajo el sol equipara las acciones y las ideas abstractas, condensa el significado del poema y la imagen verbal se vuelve “direct sensuous apprehension of thought”. (Eliot, 2008)

Paradójicamente la comparación de las pasiones humanas con nociones tan poco sentimentales no reduce la intensidad de las imágenes verbales en la obra de los poetas metafísicos, por el contrario, crea una imagen radical que en su naturaleza es muy dramática y vívida, rompe con la forma y manifiesta la falta de síntesis lo que para Parret representa la presencia absoluta.

Cabe mencionar que el estudio de Aristóteles influyó en el análisis de G. W. F. Hegel quien en su libro “Filosofía del arte o Estética” realizó una breve investigación sobre la imagen verbal y la determinó como “una configuración particular del significado”. (Hegel, 2006:257) Dado que el significado según el filósofo alemán quiere decir expresión literal, modificación del sentido representa el lenguaje figurativo. Por tanto, Hegel define la imagen verbal como “una metáfora más explicitada”, (Hegel, 2006: 260) una comparación donde el significado no se expresa conjuntamente con el tropo, sino que se enfrenta al mismo. En otras palabras, el autor se refiere a la búsqueda de semejanza entre dos objetos desiguales, el concepto ya propuesto por Aristóteles.

Hegel subraya ambivalencia de la imagen verbal que consiste en profundizar en el significado y al mismo tiempo alejarse de el. En la medida que se comparan dos objetos distintos, se penetra el alma del sentido, se encuentra el contenido esencial que se vuelve el centro de la representación lejana. Es aquí donde se produce la presencia de la imagen verbal debido a que el sentido principal se deja de lado y la semejanza se traslada a otro significado: la representación se demora en el objeto y prolonga su contenido a otro con el cual este hace la conexión. Entonces, por medio de la imagen formada la atención se proyecta sobre un nuevo significado. Al relacionarse dos objetos diferentes el primero se transforma y su valor se establece mediante una comparación, lo que amplifica el significado del objeto.

De esta manera, G. W. F. Hegel abre nuevas perspectivas en el campo de investigación sobre la imagen verbal al establecer la unión inmediata del significado y la figura, independencia del contenido interno en una metáfora y su violenta configuración en una representación autónoma que forma la presencia.

En su estudio “La metáfora viva” Paul Ricoeur retoma algunas ideas de Hegel además de abarcar la tradición clásica como también las teorías modernas con el fin de realizar el análisis íntegro de la metáfora y su momento icónico al igual que del concepto imagen verbal y los medios de su manifestación en el texto.

Paul Ricoeur, en su turno, establece que uno de los aspectos principales del carácter icónico de la metáfora se debe a la tensión en el sentido producida por el acercamiento de las nociones semánticamente alejadas. Esta tensión es lo que determina el campo de la presencia. Como lo afirma Parret: “La modalización… es, ante todo, tensiva, perceptiva: la densidad de presencia y la tonicidad perceptiva están correlacionadas”. (Parret, 2008: 15) La función de la semejanza juega el papel principal en la mutación de sentido que hace de un enunciado auto-contradictorio y auto-destructivo otra expresión de carácter auto-contradictorio significativo. Así dos ideas se enciman lo que crea esta nueva pertinencia y aparente proximidad semántica de los términos a pesar de la distancia entre sus significados.

El autor compara este proceso unitivo con el golpe de genio que proviene de una percepción o un insight que esta relacionado con la capacidad del poeta, ver lo “inenseñable”, lo que no se puede contemplar, la presencia. Sin embargo, la creación de la imagen verbal no es únicamente actividad alimentada por la intuición. El proceso de acercamiento de las cosas alejadas incluye un momento discursivo que sirve como el filtro para decir que aspectos se aproximan, que categorías y formas se destruyen y donde se establecen nuevas fronteras lógicas sobre las ruinas de precedentes. De esta manera la metáfora produce un nuevo género dentro de la diferencia y permite descubrir la etapa preparatoria en el proceso de la percepción conceptual y creación de presencia de imagen verbal.

Paul Ricoeur analiza el aspecto afectivo y sensorial del lenguaje poético y establece que existe el vínculo entre el sentido y lo sensible debido a que la poesía es la apertura a lo imaginario que el sentido libera. Como la finalidad de las palabras es evocar y provocar imágenes, el mismo sentido se vuelve ícono por el poder que tiene de desarrollarse en imágenes. El flujo de imágenes provoca el despliegue indefinido del sentido abriendo a la interpretación un campo semántico ilimitado lo que diversifica las posibilidades de la creación de presencia de imagen verbal. Dado que el lenguaje poético es de la naturaleza dual que abarca la función referencial dentro de lo imaginario la presencia hace la referencia a lo empírico y lo ficticio, crea la experiencia virtual, une lo imaginario y lo existente.

Hay que destacar que imagen verbal es una construcción discursiva regida por así llamado el efecto dado: la transmisión metafórica ocurre desde un punto de vista y no abarca todos los lugares de la semejanza. De esta manera presencia es construida debido a que “las imágenes, así evocadas o provocadas, no son las imágenes “libres” que la simple asociación de ideas añadiría al sentido, sino imágenes enlazadas”, (Ricoeur, 1980: 286) las imágenes que despiertan recuerdos y producen mayor grado de presencia que un simple precepto del objeto. (Parret, 2008: 19)

Por tanto, presencia mantiene unidos el sentido y la imagen: es en el mismo tiempo una experiencia y un acto. Por un lado, el flujo de imágenes escapa del control voluntario, visualización de pensamientos es un proceso intuitivo que no puede ser enseñado o regido por ninguna regla. Por el otro lado, la imagen está unida al sentido y la habilidad de crear pensamientos pictóricos implica comprensión y, por tanto, una actividad. De este modo, lo imaginario y el significado metafórico se unen en una relación de semejanza predeterminada por el juego de lenguaje.

Así que la presencia de imagen verbal se podría definir como la sorpresa unida a disimulación, cambio de significados o mejor dicho transposición de los sentidos acompañado con la interacción de los objetos comparados. En la medida que se comparan dos objetos distintos, se penetra el alma del sentido, se encuentra el contenido esencial que se vuelve el centro de la representación lejana. Es aquí donde se produce la presencia de la imagen debido a que sentido principal se deja de lado y la semejanza se traslada a otro significado. La tensión en el sentido producida por el acercamiento de las nociones semánticamente alejadas conduce a una mayor calidad de presencia. Finalmente, la presencia de la imagen verbal es un discurso construido que tiene capacidad de unir lo imaginario y lo existente y evocar los recuerdos que producen mayor grado de presencia que un simple precepto del objeto.

 

Bibliografía:

-        Aristóteles. Poética, trad. Salvador Mas, Madrid, Biblioteca Nueva, 2006.

-        Aristóteles. Retórica, trad. Quintín Racionero, Madrid, Editorial Gredos, 2008.

-        T.S Eliot. The Metaphysical Poets, Eliot, The Metaphysical Poets, 24/03/2008, http://personal.centenary.edu/~dhavird/TSEMetaPoets.html.

-        Ray Frazer, “The Origin of the Term “Image”, ELH, vol. 27, núm 2, 1960, pp. 149-161.

-        G. W. F. Hegel. Filosofía del arte o Estética, Madrid, Abada Editores, 2006.

-        W. J. T. Mitchell. “What Is an Image?”, New Literary History, vol. 15, núm. 3, 1984, pp. 503-537.

-        Herman Parret. Epifanías de la presencia. Ensayos semio-estéticos, trad. Desiderio Blanco, Lima, Universidad de Lima, 2008.

-        Paul Ricoeur. La metáfora viva, trad. Agustín Neira, Madrid, Ediciones Europa, 1980.

-         Rosemund Tuve. Elizabethan and Metaphysical Imagery, Chicago, The University of Chicago Press, 1947.




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