Labor docente una profesión en riesgo 


María Dolores Noriega Crespo 
Colegio de Inglés 
ENP Plantel 1 “Gabino Barreda”
Técnico Académico de la mediateca 

 

La docencia en la postmodernidad se ha convertido en una labor de riesgo. Mareos, tristeza súbita, irritabilidad, intolerancia, agresividad, indiferencia, abandono del aspecto personal; depresión, debilitamiento del sistema inmunológico que se presenta en forma de  alergias, gastritis, cefaleas, etcétera, son sólo algunos de los síntomas y de las enfermedades que padece el profesor de hoy en día, como resultado de una sociedad que se niega a cumplir con sus responsabilidades transfiriéndolas injustamente al maestro.


Palabras clave: labor docente, burn out, profesión en riesgo.

 En una investigación, Bergalli (2002:2), comenta que  ello obedece a que el sistema y el comportamiento de los padres y de los alumnos influyen sobre la salud del docente; la escuela va transformándose en un ámbito insalubre, y sus enfermedades no están contempladas en la legislación como enfermedades laborales; el esfuerzo extra no tiene reconocimiento salarial.   El estudio  revela  también que a mayor cantidad de años en la docencia, el porcentaje de maestros con fatiga residual es más elevado, llegando a incluir  al 50%.

Ya en los años 70  Freudenberger  propone el concepto burn out,  como un síndrome de carácter sicológico descrito para profesionales que trabajan en relaciones de ayuda hacia otras personas y que según  Maslach  es un patrón sicológico de respuesta , una vivencia subjetiva de malestar  que tiene a los factores laborales y organizacionales como condicionantes y antecedentes y que tienen implicaciones nocivas para la organización y/o para la persona pero que no implica necesariamente un trastorno de salud mental,  punto este último que lo diferencia del estrés  (Cornejo y Quiñónez, 2007, p.1).

El término burn out  en español se traduce como “ quemado”, pero dado que dicha traducción  no resulta muy apropiada para describir ese estado de agotamiento físico y mental al que lleva a la persona,  se utiliza el original en inglés. El modelo de burn out  trifactorial de Maslach  es el más utilizado en los estudios sobre profesores y describe 3 tipos de síntomas: el agotamiento emocional, la despersonalización y la sensación de bajo logro profesional. El primero de ellos se ha ligado con el estrés,  no así el segundo, conocido también como “cinismo” o   distanciamiento emocional que, como mencionan Cornejo y  Quiñónez, es altamente perjudicial para el proceso de enseñanza, pero sirve de mecanismo de defensa frente a las frustraciones laborales  ( 2007, p.2  ).  En cuanto al bajo logro profesional, se asocia con la falta de recursos para realizar el trabajo.

Por su parte Esteve (1994, p. 22), señala que en los últimos años las responsabilidades y exigencias sobre el profesor han aumentado considerablemente. Actualmente, se espera que el profesor absorba una serie de responsabilidades que antes estaban en manos de la comunidad y la familia. El sistema educativo anquilosado y burocratizado, ha contribuido en gran medida a exagerar esas demandas que pesan sobre el profesor, intentando reformas apresuradas e ineficaces en un intento por calmar los ánimos sociales, sin lograrlo. El resultado es que sistema y sociedad enfocan su inconformidad en el objeto más vulnerable y cercano: el maestro.

Como comenta Merazzi (citado en Esteve, 1994), hay 3 hechos fundamentales que han llevado a esa situación: por un lado, la evolución de la familia dada la incorporación masiva de la mujer al contexto laboral  y los grupos sociales organizados, que han renunciado a las responsabilidades que anteriormente venían desempeñando en el ámbito educativo, y exigiendo mejoras a las instituciones escolares. Por otro, el papel protagónico que juegan los medios de comunicación de masas, incluido desde luego Internet, y que ha desplazado a las instituciones escolares como fuentes principales proveedoras de información y cultura.

Finalmente, el conflicto surge ante la indefinición de las funciones y valores que el profesor actual debe transmitir en un mundo carente de ellos. Pero además el docente ha de compaginar roles contradictorios, por ejemplo se espera de él que sea amigo y compañero de los alumnos, manteniendo el control y la disciplina del estudiante,  pero al final del curso debe convertirse en juez severo que dictamine los resultados del mismo. Se le exige que brinde una atención personalizada al aprendiente en grupos extensos  y otras veces,  “se le impone una política educativa en la que las necesidades sociales le mueven a él y a sus alumnos como peonzas, al servicio de las exigencias políticas o económicas del momento” (Merazzi, citado en Esteve, 1994).

Por si lo anterior no fuera suficiente, el salario se presenta como un elemento más de la crisis de identidad que afecta a los maestros, pues junto a la desvaloración del estatus social y cultural que lo aqueja, está el factor económico, traducido en un bajo ingreso que no corresponde con las exigencias y responsabilidades que se le encomiendan.

Agrega Esteve que otro factor que complica la labor del profesor es el vertiginoso avance del saber, por lo que  resulta prácticamente imposible mantenerse actualizado, sobre todo cuando las instituciones educativas pretenden que  el profesor realice esas actualizaciones  en su periodo “vacacional”, olvidándose de la necesidad  de descanso que tiene el docente.

El resultado de esa sobrecarga de trabajo y responsabilidades sobre la figura del profesor, llevan a lo que se conoce como “malestar docente” término acuñado desde 1957 por Berger pero que toma auge en los 80 con  las investigaciones de Esteve, quien lo describe como: “Los efectos permanentes de carácter negativo que afectan a la personalidad del profesor como resultado de las condiciones psicológicas y sociales en que se ejerce la docencia” (1994, p.25).

Hay además factores que ponen en riesgo la vida del profesor de manera más inmediata. La violencia escolar es hoy en día una realidad. Agresiones físicas consumadas en contra de profesores; violencia verbal y gestual que los intimida; ataques a los centros educativos donde laboran y que incluyen robos, destrozos de mobiliarios o edificios y aún agresiones por parte de padres de familia (Esteve, 1994).

La docencia entonces se ha convertido en una profesión de riesgo, cabe preguntarse  qué es lo que tendrá que suceder para que la sociedad reaccione. ¿Será el fin de nuestra profesión?

 

Bibliografía

Bergalli Miriam. (2002). Malestar Docente. Periódico La Nación, 21 de julio. Disponible en  http://www.lanacion.com/ar221939-malestar-docente.

Cornejo Chávez Rodrigo y Quiñónez Marcela (2007). Factores Asociados al Malestar/Bienestar Docente, una Investigación Actual. Revista Electrónica Iberoamericana Sobre Calidad, Eficacia, y Cambio en Educación. Vol.  5, No 5e. Disponible en: dialnet.unirioja.es.

Esteve Zaragoza José M. (1994). El Malestar Docente. Barcelona. Edit. Paidós.