El profesor y sus múltiples facetas 

J. Ulises Ramírez Vega 
Escuela Nacional Preparatoria 
Plantel 5 “José Vasconcelos” 
Colegio de Inglés

Resumen

El avance sin cesar de las tecnologías de la información y de la comunicación ha permitido que cada vez haya una gran cantidad de información disponible. El movimiento dinámico de la información, los nuevos descubrimiento e invenciones vuelven cada vez más obsoleto un modelo en el cual la transmisión del conocimiento. En este ensayo apreciaremos que el rol de transmisor del conocimiento se percibe como insuficiente para las necesidades actuales.

Palabras clave: rol, profesor, metodología, facilitador, transmisor, asesor, monitor, motivador.

 

En el siglo pasado, expertos de la educación han reflexionado sobre su estado actual. Los fracasos estudiantiles,  la deserción escolar y el bajo rendimiento han sido factores que han determinado la necesidad de replantear los paradigmas educativos. Han surgido preguntas como ¿qué se debe enseñar?, ¿cuál es la mejor forma de enseñanza?, hasta preguntas como: ¿enseñar?, ¿aprender?, ¿enseñar y aprender? o incluso llegar a preguntarse cuál es la finalidad del sistema educativo.

El avance sin cesar de las tecnologías de la información y de la comunicación ha permitido que cada vez haya una gran cantidad de información disponible lo cual ha llevado a que los aprendientes se encuentren con mayor información disponible;[1] el movimiento dinámico de la información, los nuevos descubrimientos e invenciones vuelven cada vez más obsoleto un modelo en el cual la transmisión del conocimiento es el eje del sistema de aprendizaje; la movilidad estudiantil y la globalización entre otras tensiones obligan a que sea necesario un nuevo rediseño no sólo de las políticas educativas y el currículo, sino también del proceso de enseñanza aprendizaje y, sobre todo, de los roles de los actores de dicho proceso. En este ensayo apreciaremos que el rol de transmisor del conocimiento se percibe como insuficiente para las necesidades actuales.

En el aprendizaje de lenguas los roles han cambiado drásticamente. Desde la antigua Grecia y hasta nuestros días en una clase totalmente tradicional –clase cuya metodología sea gramática-traducción–, el profesor es la autoridad y los aprendientes realizan las actividades que les ordena realizar. Lewis (2002: 45) plantea una metáfora muy interesante: el profesor de esta metodología es una llave que vierte agua dentro de un recipiente vacío.  Mientras, en una clase que se base en Direct Method  el aprendiente es menos pasivo que en la metodología; no obstante, el profesor dirige las actividades de la clase. En la metodología audio-oral, Diane Larsen (2008: 45) compara al profesor con un líder de orquesta que dirige y controla el comportamiento del lenguaje de sus estudiantes; además, el profesor es el responsable de proveer el modelo a imitar. En la metodología llamada respuesta física total, el profesor opera de una manera similar a un director ya que dirige el comportamiento de los aprendientes; los aprendientes son imitadores del lenguaje no verbal y a algún punto los aprendientes están listos para hablar.

En el enfoque comunicativo, el rol del profesor se vuelve más complejo. Larsen-Freeman (2008: 128) indica que el profesor es el encargado de facilitar la comunicación en el aula. Su principal responsabilidad es “to establish situations likely to promote communication”. Así, el profesor opera como monitor, consejero e incluso participa dentro de la situación comunicativa. La metáfora que propone Lewis (2002: 46) refiere a que el profesor es un jardinero que suministra los materiales necesarios para el crecimiento y el organiza el ambiente. Con la inclusión de los centros de autoacceso, ha surgido el rol del asesor. Según, Gremmo (1998: 65) el asesor tiene como tareas:

·       Ayudar al aprendiente a desarrollar su competencia dentro de las sesiones de asesoría y

·       Organizar los materiales, es decir, adaptar el centro de recursos a las demandas de los aprendientes.

Así, en cuanto a desarrollar la capacidad del aprendizaje, el asesor deberá favorecer las estrategias de aprender a aprender y, en las entrevistas de consejo, concienciar lo que el aprendiente ha hecho –objetivos alcanzados, documentos trabajados, técnicas, etc. – y preparar lo que va a realizar.

Hemos realizado un viaje por varios años en la enseñanza de lenguas. Ahora bien, si partimos de que el auge de las nuevas tecnologías han permitido un mayor acceso a información cada vez más actualizada y más oportuna, un modelo basado principalmente en la simple transmisión de conocimientos se percibe cada vez más obsoleto: información compartida hoy, mañana puede ser arcaica.  Desde una perspectiva extrema, el profesor cuya función  principal es depositar el conocimiento en sus aprendientes pierde sentido ya que el aprendiente en un solo clic –en el mejor de los casos a un toque– de distancia puede obtener información más actualizada que la que el profesor le puede proporcionar. Desde otra perspectiva, algunos señalan que el profesor deberá ser un mero conductor del proceso de aprendizaje, es decir, capaz de planificar y llevar a cabo una secuencia de aprendizaje sin una posible reflexión de los objetivos, las estrategias y de los resultados por parte de los aprendientes. Todas estas tendencias se contraponen de manera extrema, pero deja ver la necesidad de reflexionar sobre si existe un rol exclusivo del docente en el aula. 

No sólo el contexto actual promueve que el rol del profesor cambie, los requerimientos institucionales así como las tensiones internacionales promueven un  perfil cada vez más deseable del docente. Los lineamientos generales para la evaluación del desempeño de los profesores, en lo relativo a la enseñanza (Consejo Académico del Bachillerato [CAB], 2001: 6-7) de la UNAM sugiere que el profesor, además de tener “bases sólidas disciplinarias y un compromiso con la institución”, deberá ejercer su profesión con “sólidas bases didácticas”, con la reflexión “crítica sobre la propia práctica educativa”; además de ser capaz de indagar, comunicar, expresar y argumentar claramente ideas. Todo esto en favor de un buen aprendizaje.

Del lado del aprendiente, algunos sugieren que el profesor deberá crear un ambiente donde se favorezca el desarrollo de capacidades para adquirir conocimientos, habilidades y destrezas. En esta misma línea, Carlos Tünnermann (2009: 7) propone que al final de la educación se espera que los graduados “sean flexibles, capaces contribuir a la innovación y creativos, capaces de hacer frente a las incertidumbres, interesados en aprender durante toda la vida, capaces de trabajar en grupo”. En el terreno internacional, instituciones como la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico –OCDE–, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe –CEPAL– y el Banco Mundial –BM– coinciden en que el principal objetivo de la educación media, además de lo antes mencionado, es que los jóvenes  puedan seguir aprendiendo a lo largo de la vida, ser ciudadanos activos, participativos y productivos; incluso llegar a ser personas autorreguladas y autónomas capaces de resolver problemas en contextos específicos. Claro está que para llegar a los objetivos antes marcados, el profesor tendrá que adoptar más roles, entre los cuales se encuentran el de mediador y motivador para poder promover características como autotomía y autorregulación.[2]

A partir de este momento, nos detendremos para analizar de manera no exhaustiva el rol del asesor y algunas de sus implicaciones. Para que un centro de autoaprendizaje tenga éxito, “la existencia de una estructura de apoyo al aprendizaje es […] vital” (Gremmo, 1998: 65). Dentro de esta estructura de apoyo, Gremmo describe un nuevo rol pedagógico del profesor: el asesor.

En este contexto, sobresalen preguntas como decidir en quién recae la responsabilidad del proceso de aprendizaje, quién es la mejor persona –profesor o aprendiente– para juzgar en qué grado de aprendizaje autodirigido se encuentra el aprendiente,  qué pasa cuando no existe compatibilidad entre el estilo de enseñanza del profesor y el estilo de aprendizaje del aprendiente, y finalmente, cuál sería el rol del asesor.

En cuanto a la primera pregunta, en un lugar donde se requiere cierto grado de autorregulación y autodirección, favorecer la autonomía se convierte en una política directiva. Holec define que la autonomía en el aprendizaje es “la capacité de prendre en charge son propre apprentissage” (1988: 3). Esta incluye la determinación de los objetivos, la definición de contenidos y avance utilizado, la selección de técnicas y métodos, el control de la adquisición (ritmo, momento y lugar) y la evaluación de la adquisición lograda.

En efecto, las características del llamado buen aprendiente de lengua, propuestas por Rubin y Thompson (1982),  sugieren grosso modo que el aprendiente debe ser capaz de automotivarse, dirigir su propio aprendizaje, desarrollar estrategias relacionadas con la metacognición, manejar la información de manera eficiente, enfrentar riesgos y vivir en la incertidumbre, entre otros. Cuando un aprendiente acepta la responsabilidad de su aprendizaje puede llevarla a cabo con o sin la ayuda de un profesor, compañero, asesor, etc. con o sin la ayuda de otros recursos y utilizando sus propias estrategias de aprendizaje. Esto no quiere decir que cuando un aprendiente se enfrenta  con una situación de autoaprendizaje, éste se convierta inmediatamente autónomo. Así, el aprendizaje autodirigido conduce a la autonomía, pero ésta no lleva necesariamente a que el aprendiente pueda autodirigirse.

Un aprendiente puede tomar la responsabilidad de su propio aprendizaje al establecer cierto grado de responsabilidad y, de la misma forma, puede ocurrir con el grado de autonomía que el aprendiente desee adoptar. Según expertos, estas decisiones están relacionadas con factores culturales, sociales, educativos y motivacionales. Ante la segunda pregunta, Narváez Rivero y Prada Mendoza indican que Grow responde a la pregunta “señalando que el profesor es quien debe hacer la estimación del estado de aprendizaje en el cual se encuentra el alumno, con base en las conductas que presente en clase y en el trabajo que realice” (2005: 123). En esta misma línea, ellas muestran el siguiente cuadro de Grow sobre los modelos y etapas del aprendizaje autodirigido y subrayan que no debemos considerar “al aprendizaje autodirigido como sinónimo de autonomía, crecimiento y madurez psicológica, a menos sin una evaluación considerable” (2005: 124).

 

Etapas

Aprendiz

Profesor

Tipos de enseñanza (ejemplos)

 

 

 

1ª etapa

Dependiente

Aprendices con bajo nivel de autodirección que necesitan de una figura de autoridad (un profesor) que les diga qué hacer.

 

 

Autoridad

Entrenador

·        Entrena dando retroalimentación inmediata.

·        Ejercicios

·        Charlas informacionales buscando superar deficiencias y resistencias

 

 

 

2ª etapa

Interesado

Aprendices con una moderada autodirección, quienes están motivados y tienen confianza pero no tienen ningún conocimiento sobre el tema a ser aprendido.

 

 

 

Motivador

Guía

·        Charlas inspiradoras más discusión guiada.

·        Establecimiento de metas y estrategias de aprendizaje.

 

 

 

 

3ª etapa

Involucrado

Aprendices con un nivel intermedio de autodirección que tienen tanto las habilidades como los conocimientos básicos y se ven a sí mismos como listos y capaces de explorar un determinado tema con una buena guía.

 

 

 

Facilitador

·        Discusiones facilitadas por el profesor que participa como igual.

·        Seminarios.

·        Proyectos de grupo.

 

 

 

4ª etapa

Autodirigido

Aprendices con una alta autodirección que se muestran deseosos y capaces de planificar, ejecutar, y evaluar su propio aprendizaje con o sin ayuda de un experto.

 

 

 

Consultor,

delega

·        Disertaciones.

·        Trabajo individual o grupo de estudio autodirigido.

Cuadro 1. Modelo de etapas en el aprendizaje autodirigido de Grow, G. (citado en Narváez Rivero y Prada Mendoza, 2005: 124)

Para le tercera pregunta, Grow indica características que pueden observarse en los aprendientes, el posible rol que puede asumir el profesor, así como las dificultades que pueden presentarse por la falta de convergencia entre el rol del profesor y el nivel de aprendizaje del aprendiente; también advierte los posibles desajustes que se pueden presentar por la falta de convergencia entre ellos. El siguiente cuadro muestra la convergencia entre el estilo del profesor y el nivel de aprendizaje del aprendiente.

 

 

 

P1

Autoridad

Experto

P2

Motivador

P3

Facilitador

P4

Delegador

A4

Aprendiz autodirigido

Severo desajuste

El alumno resiste a un profesor autoritario

 

 

Desajuste

 

 

Ajuste cercano

 

 

Ajuste

A3

Aprendiz involucrado

 

Desajuste

 

Ajuste cercano

 

Ajuste

 

Ajuste cercano

A2

Aprendiz interesado

 

Ajuste cercano

 

Ajuste

 

Ajuste cercano

 

Desajuste

A1

Aprendiz dependiente

 

Ajuste

 

Ajuste cercano

 

Desajuste

Severo desajuste

Los alumnos resisten la libertad, ya que no están preparados para ella.

Cuadro 2. Convergencia entre el estilo del profesor y el nivel de aprendizaje del aprendiente de Grow, G. (citado en Narváez Rivero y Prada Mendoza, 2005: 124)

 

Finalmente, el asesor se enfrenta a diversas situaciones. Es evidente que al delegar ciertas responsabilidades del proceso del aprendizaje, adquiere otras  y realiza otras funciones. El asesor no está principalmente para “hacer aprender a alguien”, sino el de “hacer aprender a aprender” (Mora Sánchez, 1994: 222). Evidentemente el papel del profesor cambia por lo que la única posible forma de intervención del profesor es para el apoyo (Mora Sánchez, 1994: 223). Mora Sánchez apunta que el tipo de apoyo puede ser en dos ejes. El primero se refiere a un apoyo psico-social y el segundo, a un apoyo técnico.

Al tomar en cuenta lo que señala Holec, el profesor (Mora Sánchez, 1994: 223) puede servir de apoyo psico-social para intervenir en los factores sociales que inciden de manera directa en el proceso de aprendizaje del aprendiente (motivación, situación emocional, familiar, etc.). Incluso con sus conocimientos puede apoyar al aprendiente para tranquilizar en un marco hacia la autodirección. El asesor indicaría que un sentimiento de inseguridad frente a este tipo de actividades de aprendizaje es normal (Gremmo, 1998: 74).

Por otro lado, el apoyo técnico involucra ayudar al aprendiente a analizar sus decisiones con respecto al programa de aprendizaje y reflexionar sobre esa toma de decisiones. Gremmo (1998: 66), además, sugiere que el profesor como asesor deberá auxiliar  al desarrollo de la capacidad de aprendizaje tanto en las formaciones de aprender a aprender y en las entrevistas de consejo.

En cuanto a las entrevistas de consejo, el asesor apoyara a través de un proceso de concientización para el desarrollo de las capacidades de aprendizaje. En esta entrevista, el aprendiente deberá tomar conciencia de los criterios que utiliza y cómo están construidos estos criterios. El asesor apoyará al aprendiente en poner en marcha un programa de aprendizaje de lengua y, al mismo tiempo, apoyarlo en la reflexión sobre el qué, el porqué y el cómo del programa para desarrollar su competencia de aprendizaje. Así, el aprendiente aprende a aprender aprendiendo una lengua extranjera. Una característica fundamental será “la no toma de decisión del asesor” (Gremmo, 1998: 67).

Por último, el asesor deberá ser un experto en ciencias del lenguaje, es decir, debe saber que una lengua se estudia no sólo en términos de léxico y gramática, sino también en términos de comunicación. La lengua está formada por un conjunto de registros que corresponden a maneras de hablar; además, que la lengua y la cultura están estrechamente ligadas. El asesor deberá poseer conocimientos sobre lo que es aprender una lengua, es decir, experto en psicología del aprendizaje de lenguas (Gremmo, 1998: 82).

Es evidente que en el contexto actual una clase cuyo profesor tenga una función puramente transitiva del conocimiento satisfará en menor medida las necesidades actuales de los aprendientes y tendrá en menor cuenta los retos de la educación actual. Para cubrir estas necesidades, el docente deberá reflexionar sobre su contexto de enseñanza y adoptar de la gama de roles –mediador, facilitador, transmisor, motivador, asesor, monitor, evaluador, etc. –, cuál será el más adecuado para cada momento del proceso de aprendizaje, incluso ponderar si un único rol es el adecuado para la labor docente.

 

Bibliografía

1.- Consejo Académico del Bachillerato - UNAM (2001). Lineamientos generales para la evaluación del desempeño de los profesores, en lo relativo a la enseñanza. México: CAB, UNAM.

2.- Larsen-Freeman, Diane. (2008). Techniques and Principles in Language Teaching. Oxford: Oxford University Press.

3.- Lewis, Marilyn. (2002). “Classroom Management” en Richards, Jack, Wily Renandya, Edi. Methodology in Language Teaching. Cambridge: Cambridge University Press.

4.- Gremmo, Marie-José. Trad. Sonia Bufi y Silvia López. (1998). Asesorar no enseñar.  El rol del asesor en la entrevista de consejo. Colección Aprendizaje Autodirigido. México: CELE-UNAM, 65-84.     

5.- Holec, Henri. (1988). Autonomie et apprentissage des langues étrangères. París: Hatier.

6.- Mora Sánchez, Miguel Ángel. (1994). El papel del profesor en la autonomía del aprendizaje del alumno de español como lengua extranjera. Centro Virtual Cervantes. Recuperado el 25 de julio de 20013 de http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/asele/pdf/05/05_0217.pdf

7.- Narvaéz Rivero, Miryam, Prada Mendoza, Amapola. (2005). Aprendizaje autodirigido y desempeño académico. Tiempo de Educar. 6(11). Toluca: Universidad Autónoma del Estado de México. pp. 115-146.

8.- Richards, Jack, Wily Renandya, (Ed.) (2002). Methodology in Language Teaching. Cambridge: Cambridge University Press.

9.- Rubin, J. & Thompson, I. (1982). How to be a more successful language learner.  Boston: Heinle & Heinle Publishers.

10.- Tünnermann Bernheim, Carlos. (2009). “El rol del docente en la educación superior del siglo XXI. Universidad Nicaragüense de Ciencia y Tecnología. Recuperado el 25 de julio de 2013 de               http://www.ucyt.edu.ni/Download/EL_ROL_DEL_DOCENTE_EN_LA_E_S_DEL_SIGLO_XXI.pdf

11.- UNESCO (2005). Hacia las sociedades del conocimiento. Informe Mundial de la UNESCO. París, UNESCO.



[1] Como bien lo señalan los colaboradores del informe de la UNESCO (2005: 19) la información no es conocimiento; la información es un elemento potencial que se necesita para construir el conocimiento el cual favorece el desarrollo.

[2] Henri Holec  (1988: 3) propone que un aprendiente es autónomo cuando el aprendiente tiene “la capacité de prendre en charge son propre apprentissage”. Encargarse de su propio aprendizaje consiste en asumir la responsabilidad de decidir objetivos, selección de técnicas y métodos, el ritmo de la adquisición y la capacidad de automotivarse por lo que será necesario que el profesor sea capaz de identificar a través de la indagación, cuestionamiento y análisis las dificultades y desmotivaciones del aprendiente para que éste continúe con su aprendizaje.