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Artículo 02


Importancia de los sistemas de enseñanza en la enseñanza – aprendizaje 

y en la interrelación maestro alumno

 

Mtro. Jorge Barragán Camarena

Plantel 8 “Miguel E. Schultz”

Colegio de Letras Clásicas

 

Desde hace muchos siglos, han existido diferentes maneras de trasmitir los conocimientos. Ya Sócrates, Platón,  Aristóteles y otros grandes maestros de la Antigüedad, cada uno en su tiempo, tenían sus propias maneras de enseñar; es decir, tenían sus propias técnicas  de enseñanza; sin embargo, esas técnicas, aunque diferentes entre sí, las ubicaríamos, ahora, usando la terminología de la didáctica moderna, como un sistema tradicional, y así las consideraremos en esta exposición, pues esencialmente se basaban en el mismo proceso: transmisión del conocimiento sólo por medio de la palabra.

Esas técnicas, o hablando con más propiedad, ese sistema de enseñanza se expandió a todos los pueblos influenciados por la cultura grecolatina; en ellos, incluyendo los pueblos de América, los maestros enseñaron casi de la misma manera desde la Antigüedad Clásica, pasando por la Edad Media y por el Renacimiento, hasta el siglo XVIII. Técnica o didácticamente no hay mucha diferencia entre la manera como enseñaba un Aristóteles en el siglo III antes de Cristo y la de un Santo Tomás en el siglo XIII, en plena Edad Media; si acaso la hubiera, estaría en la manera como cada uno de ellos trasmitía el conocimiento,  pues Aristóteles lo hacía paseando con sus alumnos mientras les hablaba sobre la lógica o acerca de algún tema de su metafísica. Y Santo Tomás de Aquino, desde el púlpito o desde la cátedra, exponía ante sus discípulos algunos temas de la filosofía escolástica; de la misma forma lo hacían todos los maestros, generalmente monjes, de la época. Esta clase de técnicas o sistemas los ubicamos ahora dentro de la corriente o escuela didáctica llamada Tradicionalismo que, como tal, nació formalmente apenas hace unos trescientos años, en el siglo XVII; sin embargo,  esta  manera de enseñar en la que el maestro habla y el alumno escucha, y a veces  pregunta, fue, en las escuelas  del mundo occidental, la misma desde la Antigüedad hasta muy entrado el siglo XVIII, siglo este en el que surgió la Revolución Industrial, la cual afectó la estructura económica  y, de paso, el sistema tradicional de enseñanza.

Si enfocamos nuestra atención hacia la educación en México, encontramos que hasta el mismo siglo XVIII solamente se practicaban las técnicas de enseñanza  de Escuela Tradicional; esto, claro, con algunas excepciones que vienen a confirmar la regla; por ejemplo, los monjes de la Colonia, en su afán por evangelizar a los indígenas, utilizaban maneras novedosas para enseñar, novedades a las que ahora les llamaríamos técnicas didácticas; tales serían las pastorelas, las alegorías y los autos sacramentales.

Con el avance de la tecnología, sobre todo a raíz de la mencionada Revolución Industrial, a finales del siglo XVIII empezaron a surgir otras formas de enseñar llamadas Escuelas o Corrientes Didácticas, cuyo objetivo original, disfrazado de interés en promover y simplificar la enseñanza, era, en realidad, favorecer el aumento de la producción; esta intención la vemos especialmente en la llamada Tecnología Educativa.

A partir del siglo XIX, y sobre todo en el transcurso del siglo XX, nuestros pedagogos, pendientes de las novedades didácticas de otros países, se dedicaron a copiar tales novedades, imponiéndolas en el sistema educativo de México; para desgracia nuestra, la importación de esas novedades a veces ocurrió de manera tardía, ya cuando la Corriente en cuestión había pasado de moda en el país de origen, o, lo que es peor, cuando esa Escuela no había dado los frutos esperados; además, ocurría algo muy grave, pues, por una parte, el experimento de la aplicación de los postulados y concepciones didácticas de una nueva Escuela siempre en nuestro país se tomó a pie juntillas, sin preocuparse por adaptar esa Corriente a las características de nuestro pueblo; y, por la otra, nunca hubo previa capacitación del docente en la Corriente a aplicarse, ni gran interés de nosotros los profesores por actualizarnos. Esto ha ocurrido principalmente con la Escuela Nueva, la Tecnología Educativa, la Didáctica Crítica y la corriente de actualidad: el Constructivismo.

Afortunadamente, parece que esta improvisación ya esta terminando, pues en los tiempos actuales nadie niega que el profesor debe tener su propio sistema de enseñanza, mismo que conformará después de conocer las características de las principales Corrientes Didácticas. Por esta razón, las instituciones educativas ofrecen a su personal docente cada vez mayores oportunidades para  actualizarse en este campo.   

La Escuela Nacional Preparatoria, después de permanecer casi indiferente a la aparición de tal o cual corriente de enseñanza, de las que, en su momento, tímidamente tomaba los aspectos más llamativos, sobre todo para la presentación de los programas de las asignaturas, ahora parece que se preocupa por despertar en sus profesores el deseo de actualizarse en este campo. Recuerdo que cuando la Tecnología Educativa estaba de moda, en los años sesenta, los programas del Plan de Estudios de la ENP presentaban muy cuidadosamente los diferentes términos, sobre todo verbos, especializados para designar los distintos aspectos del propio programa;  recuerdo también que cuando surgió la presentación del trabajo por objetivos, todos los programas los incluyeron cuidadosamente; pero los profesores quedamos a la deriva, atenidos a nuestra propia capacidad de interpretar todas aquellas novedades didácticas; ciertamente se organizaron algunos cursos y se ofrecieron a profesores que buenamente los quisieran llevar, y a quienes incluso se les ofrecían estímulos económicos por inscribirse y asistir a esos cursos.

Debemos reconocer que esa apatía está desapareciendo, pues ahora el conocer cuando menos un sistema didáctico es obligatorio para los profesores de nuevo ingreso; y para  el resto de los maestros preparatorianos, constantemente se ofrecen, sobre todo en el período interanual, conferencias, cursos y hasta diplomados sobre sistemas de enseñanza a nivel medio superior, eventos académicos que, generalmente, son muy solicitados

Por otra parte, hace algunos años, los egresados de una carrera universitaria estábamos desprovistos de las herramientas didácticas necesarias, para impartir una cátedra; ahora, por fortuna, ya se está remediando ese problema y, quienes egresan, por ejemplo, de Letras Clásicas, salen con ciertas bases para la enseñanza de su asignatura, pues en la carrera llevaron didáctica de las etimologías.

En cuanto a la relación maestro–alumno en el proceso enseñanza aprendizaje, es indudable que existe la necesidad de que esa relación esté fundamentada en un sistema de enseñanza; o sea, de una manera de proceder que incluya desde la forma como se presenta el profesor ante los alumnos –eso a lo que los expertos llaman curriculum oculto-  hasta la manera de trasmitir los conocimientos y de evaluar el aprovechamiento de los receptores de la enseñanza.

Esta necesidad ha requerido, a su vez, que, como ya lo he mencionado, las instituciones educativas, sobre todo  aquellas  a las que les interesa tener un cimentado prestigio en resultados altamente positivos de su actividad docente, se aboquen a la búsqueda de instrumentos y sistemas didácticos que sirvan de apoyo al aprendizaje de una asignatura, cualquiera que esta sea.

Parte muy importante de esta búsqueda es el análisis de la relación que debe existir entre los dos sujetos del proceso de enseñanza–aprendizaje, pues estos se relacionan de tal manera que entre ambos llegan a formar un todo,; no pueden existir el uno sin el otro en relación intraclase del maestro con el alumno.

Efectivamente, de la relación maestro-alumno dependerá, en mucho, la consecución de los objetivos del proceso enseñanza–aprendizaje, que ambos debieron haberse planteado: el alumno, aprender y  el maestro enseñar. Aprender y enseñar, dos términos muy comunes, pero sobre los cuales podríamos hacer muchas consideraciones, pues entre el aprendizaje y la enseñanza, auque son términos correlativos y uno es consecuencia del otro cada uno encierra conceptos de naturaleza diferente. Veamos brevemente:

El dominio de una asignatura por parte del maestro, aunque es necesario, no garantiza por sí mismo que quien domina una materia la pueda enseñar eficaz y adecuadamente; en este sentido, pienso que todos nosotros alguna vez en nuestra vida estudiantil hicimos el comentario que todavía oímos en ocasiones en boca de los estudiantes respecto de algún profesor: Sabe mucho,  pero no sabe enseñar.

El ser experto en una asignatura nos dice que ese experto fue capaz de aprender y dominar esa asignatura, pero el hecho no garantiza que la sepa enseñar.  El ser profesor implica la capacidad de transmitir conocimientos; más exactamente: ser profesor implica que uno sea capaz de propiciar que sus alumnos aprendan lo que uno ya aprendió. De esto podemos concluir que el aprendizaje y la enseñanza son procesos de naturaleza diferente, y  que, en consecuencia, se rigen por leyes diferentes.

Ciertamente, la didáctica moderna ofrece, dentro de las diferentes Escuelas, una serie de postulados, métodos, instrumentos y sistemas de apoyo al proceso enseñanza – aprendizaje; y, ciertamente también, el profesor está obligado a conocer algunos de esos elementos para utilizarlos en su clase; pero este uso deberá sustentarlo y ser consecuencia de un método, de una concepción de la enseñanza, así como el  alumno debe adoptar, también, su correspondiente sistema para el aprendizaje.

El profesor que trate de enseñar improvisando cada vez, tendrá, en general, magros resultados; además, el alumno siempre se da cuenta –mucho más de lo que nosotros mismos pensamos– del poco o mucho empeño que pone el maestro en preparar su clase; cosa que, desde luego, redundará en la relación entre ambos; de la misma manera, un alumno que estudia, cualquiera que sea la asignatura, sin ningún sistema de aprendizaje tendrá un rendimiento mucho menor en relación a su esfuerzo que el que podría tener con el mismo esfuerzo, pero apoyado en  los dictados de un método para el estudio de la materia en cuestión. Desde luego, esto repercutirá en la relación con el profesor, quien espera un mejor resultado como respuesta a sus enseñanzas; y, claro, cuando coincide la falta de un sistema de enseñanza por parte del maestro, con la carencia de un método de aprendizaje por parte del alumno... viene el fracaso...fracaso en la enseñanza–aprendizaje, y fracaso en la relación maestro–alumno.

Pero la carencia de un método didáctico no es el único aspecto a considerar en el proceso enseñanza aprendizaje; es muy importante también analizar aspectos eminentemente humanos. En este campo no podemos hacer a un lado los sentimientos afectivos –de diferente índole– que se suscitan entre el profesor y sus alumnos. Este aspecto de la interrelación que se da entre maestro y alumno es digno de ser considerado puesto que esa interrelación también influye, de manera directa, en el proceso interactivo enseñanza – aprendizaje.

Bien podemos pensar que, dadas las características muy específicas que tenemos como profesores de una determinada asignatura, y por lo cual solamente estamos dos, tres o hasta cinco horas semanales frente a los alumnos de un grupo,  no tenemos más obligaciones que enseñarnos a enseñar, y ya... Pienso lo contrario; pues, aunque si bien es cierto que el mayor peso de la carga formativa de un alumno recae, básicamente en la familia y en la escuela, sin embargo a nosotros, profesores de dos, tres o hasta cinco horas a la semana frente a los alumnos, también nos corresponde participar en su formación o modificación de conductas, si es el caso. Debemos participar en la adquisición y fortalecimiento de valores por parte del alumno, tales como fomentar su honestidad, su sentido de responsabilidad, el respeto a su institución y a sus semejantes, el valor civil, el sentido de justicia, el deseo de superación continua, etcétera. De la relación maestro-alumno, desde el punto de vista humano, nos ocuparemos en otra ocasión... Por ahora, termino este breve ensayo insistiendo en que uno de los aspectos más importantes del profesor es que cuente con su propio sistema didáctico en el proceso enseñanza–aprendizaje.